viernes, 8 de marzo de 2013

Capítulo IX: La apuesta. ''Acabarás por enamorarte de mí''.

Bajamos de la terraza en silencio. Yo estaba muy feliz, pero quizás no era ese el mejor momento para demostrarlo. Will no parecía afectado, iba sonriente como siempre, aunque caminaba algo pensativo. Cuando entramos en el aula, Sam y Alex me miraron ansiosas, haciéndome gestos para que me acercara a ellas y les contara todo. Por otra parte, Carla sollozaba en una esquina del aula junto a Helen y Laura, y me miraba desafiante y llena de odio. Cuando llegué a mi pupitre, Sam y Alex se abalanzaron sobre mí.
-¿Qué ha pasado?-exclamó Sam.
-¡Venga, no nos dejes con la intriga!-inquirió Alex.
Iba a empezar a contarles todo cuando la profesora de matemáticas entró en clase y todo el mundo volvió a su sitio. Sam y Alex hicieron lo mismo, aunque con cara de fastidio seguían susurrándome que tenía que contarles todo en cuanto saliéramos de clase.
Pasé el resto de la mañana sumergida en mis propios pensamientos, sin prestar la más mínima atención a ninguna de las clases. No podía creer aún que Will hubiera terminado su relación con Carla, me parecía como una alucinación...
El timbre que anunciaba el fin de las clases sonó, y todos recogimos deprisa y salimos del aula atropelladamente. En la puerta, Sam y Alex se reunieron conmigo, y les conté que Will y Carla por fin habían roto.
-¡BIEN!-exclamó Sam sonriente- Sabía que aún quedaba alguna neurona en el cerebro de Will-.
-Me alegro mucho por ti, Danna-dijo Alex colocándose a mi lado-Ahora tienes vía libre para terminar de conquistarlo-.
Íbamos caminando por el patio cuando de repente Carla, Helen y Laura se pararon delante de nosotras y nos miraron desafiantes.
-Pues sí va a ser verdad que el barrendero está de vacaciones-dijo Sam irónica-Mira dónde se ha dejado tres basuras-.
-Ja,ja-dijo Helen- Sam y sus estupideces, tan divertidas e inoportunas como siempre-.
-¿Qué queréis?-dijo Alex desconfiada.
-Solo vengo a dejarle un par de cosas claras a la mosca muerta que tienes a tu lado-contestó Carla odiosamente.
-Cuidado con lo que dices Carla-dijo Sam dando un paso al frente- Siempre hay tiempo de que te tragues tus palabras-.
-Esto no va contigo, Sam-contestó Carla casi sin inmutarse- Solo quería decirle a Danna que tenga mucho cuidado de meterse con Will. Puede que ya no sea mi novio, pero eso no durará mucho tiempo, os lo aseguro. Sé perfectamente lo primero que pasó por su cabecita cuando Will le contó que habíamos terminado...Seguro que pensó que podría llegar a enamorarlo...-las 3 rieron-Pobre ilusa-.
-¿Has terminado?-preguntó Sam mirándola de arriba a abajo-No queremos perder nuestro tiempo escuchando a 3 arpías como vosotras-.
-Tranquila, ya nos vamos-contestó Carla- Danna, ya lo sabes querida. No te acerques a Will, estás advertida-.
-Si crees que amenazándola vas a frenar lo que ya es inminente estás muy equivocada-dijo Alex poniéndose a la altura de Sam- Eres penosa, Carla-.
Las 3 se dieron media vuelta y se alejaron de nosotras. Sam y Alex se acercaron y  me abrazaron.
-No le hagas caso,es una envidiosa-dijo Sam.
Asentí y continuamos el camino de vuelta a casa.
-Escuchad-dijo Sam mirando el móvil- Me acaba de llegar un SMS de una chica de clase...Parece ser que esta tarde hay un partido de hockey en el pabellón municipal, y juega el equipo de Aaron,¿queréis que vayamos?-.
-Por mí está bien-contesté animada.
Alex abrió los ojos y sacudió la cabeza en señal de negación.
-¿Por qué no, Alex?-preguntó Sam.
-Porque no pienso ir a ver a ese chulo redomado jugar-contestó precipitada.
-Pues no lo veas a él, fíjate en el resto del equipo-dijo Sam irónica- O es...¿que no puedes fijarte en nadie más?-.
Alex la miró desafiante y le dio un golpecito en el brazo.
-Vamos Alex, será divertido-dije intentando convencerla- Además si ganan, seguro que nos invitan a tomar algo como suelen hacer-.
Alex se mordió los labios y miró hacia arriba con fastidio.
-Está bien-asintió por fin.
-Genial, entonces nos vemos esta tarde a las 6 en el pabellón,¿vale?-dijo Sam.
Alex y yo asentimos.
Tras llegar a casa y almorzar, me duché y preparé para salir. Me puse unos vaqueros rasgados con una sudadera azul, y unas zapatillas converse blancas y con tonos del mismo color que la sudadera. En el pelo me recogí una cola alta y el flequillo hacia el lado. Tía Rose iba a salir también, así que no hubo problema. A las 6 menos cuarto, me puse la chaqueta, algo de perfume y salí tras despedirme de mi tía.
En la puerta del pabellón encontré a Sam, pero Alex aún no había llegado.
-¿Y Alex?-pregunté.
-Aún no ha venido-contestó Sam mirando su móvil-La he llamado un par de veces pero no contesta-.
-Creo que se ha echado atrás y no va a venir...-dije.
-Por su bien espero que no haya hecho eso-contestó Sam-Sabe lo que le espera si nos da plantón-.
Unos minutos después, Alex apareció por la calle con paso tranquilo, sin sobresaltos.
-¡Vamos!-exclamó Sam- El partido va a empezar-.
Saludé a Alex y entramos en el pabellón. Había mucha gente, en su mayoría chicas con pancartas que animaban a los jugadores, en especial a Aaron. Encontramos sitio en una de las últimas filas, y nos sentamos.
Sam divisó en las filas de la grada de enfrente a Will y Jason que animaban a su amigo. Silbó para que la vieran y movió la mano a un lado y a otro para llamar su atención. Finalmente, Jason la vio y nos saludó, al igual que Will. Aaron estaba calentando en el campo, y nos vio saludarle desde la grada. Sam y yo le dimos ánimos, pero Alex no le prestó la más mínima atención. Aaron nos saludó también y sonrió al ver a Alex. El árbitro dio unos minutos después comienzo al partido. La verdad es que ni Sam ni yo entendemos nada de hockey, pero Alex se veía muy entusiasmada con las jugadas del equipo de Aaron.
-¿Pero qué hace ese chico?-exclamaba a cada rato- ¡Pásala estúpido!-.
De vez en cuando se levantaba y exclamaba, hacía movimientos con las manos. Aaron miraba de vez en cuando a donde estábamos y reía mucho al ver el comportamiento de Alex.
Faltaban algo menos de 5 minutos para que terminara el partido. El equipo de Aaron empataba 2-2. De repente, Aaron recibió un buen pase, avanzó y marcó un gol increíble. Todas las gradas se levantaron. Las chicas de las pancartas daban saltos de alegría. Pero él no lo celebró como de costumbre. Tras recibir las felicitaciones de sus compañeros, se paró en seco, levantó la cabeza, miró hacia donde estábamos, sonrió y lanzó un beso.
Sam y yo quedamos petrificadas, y Alex no daba crédito. Toda la grada se giró hacia nosotras y nos miraron incrédulos, especialmente a Alex. Ella, aunque tratara de disimularlo, estaba roja como un tomate.
El partido finalizó, y Jason y Will se acercaron a nosotras. Venían hablando de algo y no paraban de reír.
-¿Qué os pasa a vosotros dos?-dijo Sam.
-Venimos hablando de la ''peculiar'' celebración del último gol de Aaron-contestó Jason-Ha sido verdaderamente inesperado-.
-Se lo ha dedicado a alguien de aquí...-insinuó Will.
-A mí seguro que no-reí.
-Ni a mí-dijo Sam divertida.
Los 4 miramos a Alex con cara de circunstancias.
-¿Qué?-dijo-A mí no me miréis...-.
Los 4 rompimos a reír. En ese momento, apareció Aaron que volvía de ducharse, nos saludó y se acercó a Alex.
-¿Qué te ha parecido el partido?-le preguntó.
-Pshé, no ha estado mal-contestó Alex mirando para otro lado.
Aaron rió.
-¿Y la celebración de mi gol?-preguntó pícaro.
-Ni me he fijado...-contestó Alex.
-Ahora mismo eres la envidia de todo el instituto, ¿sabes?-dijo Aaron acerándose más a Alex.
Por su cara, adivinaba que el corazón le iba a 1000 por hora.
-¿Y eso por qué?-titubeó.
Aaron se acercó a Alex hasta tocar nariz con nariz.
-Acabarás por enamorarte de mí, ya lo verás-dijo con su irresistible tono de voz y su sonrisa encandiladora.
Alex se separó precipitadamente de él, lo miró desafiante y se puso a mi lado, tratando de calmarse.
Jason, Will, Sam y yo habíamos observado atentamente aquella situación. Era obvio que entre Aaron y Alex había química, tensión, algo muy especial. Pero dado la forma de ser de cada uno de ellos, ninguno sabíamos en qué desembocaría esa ''magia'' que había entre ellos.
-¿ Queréis ir a tomar algo?-dijo Aaron sonriente-Invito yo-.
-Claro-contestó Sam-¿Vamos, chicas?-.
Asentí felizmente. Alex titubeó unos instantes, pero tras la insistencia de Sam y mía, acabó accediendo.
Mientras caminábamos los 6 hacia el Ice&Cream me impresioné mucho al ver cómo Aaron y Alex se atraían de una manera tan brutal y a la vez frágil, cómo parecían niños y adultos al mismo tiempo...Cómo parecían odiarse cuando en realidad se morían el uno por el otro.




viernes, 1 de marzo de 2013

Capítulo VIII: La ruptura definitiva.''Esta vez es para siempre''.

Escuché el sonido de las llaves en la cerradura. Abrí los ojos y miré el reloj de mi muñeca. Las ocho y cuarto. Bostecé y me toqué la frente. La fiebre había bajado bastante. Cuando Will se fue, me dejé el paño frío que me había puesto y me dormí. Al parecer, había surtido efecto.
La puerta se abrió totalmente y escuché a tía Rose soltando algunas bolsas en la cocina. Después, la cerró.
-Danna, ya estoy aquí-dijo desde la cocina.
-Estoy en el salón...-contesté.
Tía Rose apareció y se acercó a mí. 
-¿Cómo estás cielo?-preguntó besándome la frente.
-Mejor-dije yo- Ya me ha bajado la fiebre-.
Tía Rose lo comprobó.
-Menos mal-contestó aliviada-Estaba muy preocupada-.
Sonreí.
-Por cierto cariño-dijo entonces poniéndose de pie-¿Has tenido visita?-.
La miré sorprendida.¿Qué le contestaba? Obviamente, la verdad. No era nada malo...¿no?
-Sí...-comencé diciendo- Un amigo de clase ha venido a verme y a preguntarme qué tal estaba y eso...-.
Tía Rose me miró pícara y sonrió.
-¿Un amigo?-dijo- Vaya con mi sobrina...Que tiene ya novietes y no me cuenta nada...-.
¿Novietes? ¿Creía que Will era mi...? Roja como un tomate.
-¿Cómo has sabido que ha venido un amigo?-pregunté cambiando de tema.
-Por la bandeja y los vasos de la cocina-contestó sacando la compra de las bolsas.
¿La bandeja? Miré sobre la mesa. No estaba. No recordaba haberla movido de ahí...Cuando Will se fue, me tumbé y me dormí; no tenía fuerzas casi ni para tenerme en pie. ¿La había quitado él? No había otra posibilidad.
Sonreí. ¿Se puede ser más dulce?
Me levanté del sofá y entré en la cocina.
-Entonces, ¿te encuentras ya mejor?-preguntó de nuevo tía Rose colocando algunas cosas en el frigorífico.
-Sí, ya estoy bastante mejor-dije yo cogiendo una manzana del frutero-Creo que mañana podré volver al instituto-.
Tía Rose sonrió y siguió colocando la compra.
Cenamos a eso de las nueve de la noche, y hacia las diez y media ya estaba en la cama. No paraba de pensar en que al día siguiente volvería a ver a Will, mi querido Will.
A las 7 y media, la alarma del reloj sonó. A diferencia de otras mañanas, no me costó lo más mínimo levantarme. Me vestí y me aseé, y bajé a la cocina para tomar el desayuno. Tía Rose me había preparado un tazón de leche, un vaso de zumo de naranja, unas tostadas y un poco de fruta.
-No voy a poder con todo-reí.
-Has tenido mucha fiebre y tus defensas han bajado-dijo tía Rose-Tienes que repones fuerzas para volver al instituto.
Sonreí y me terminé todo. A las 8 y cuarto, tocaron al timbre. Debían ser Sam y Alex. Cogí mi mochila, me puse los zapatos y el abrigo y le di un beso a tía Rose.
-Que tengas un buen día cariño, si te encuentras mal llámame e iré a recogerte-dijo.
-Muchas gracias tía-.
Avancé por el pasillo y llegué a la puerta. Sam y Alex me recibieron con una sonrisa, y un par de besos por parte de cada una.
-Menos mal que ya estás bien-dijo alegremente Sam mientras caminábamos por la calle- Porque lo estás, ¿no?-.
-Sí, tranquila-reí- Ayer tuve algo de fiebre, pero ya está controlado-.
-Pareces muy contenta-observó Alex- No sueles estar así de camino al instituto...-.
No pude evitar reír al recordar todo lo que había pasado el día anterior.Sam se paró en seco.
-Uy uy uy esa risita...-dijo entonces mirándome a los ojos-.
-Cuenta ahora mismo-sonrió Alex adoptando la misma expresión que Sam.
Exploté riendo y terminé por contarles todo. Se miraron mutuamente mientras caminábamos y empezaron a abrir más la boca conforme les iba contando la historia.
-¿¡QUE CARLA HIZO QUÉ!?-exclamó Sam- Agh... Cuando la pille os juro que...-.
-Esa chica es una caja de sorpresas...Qué caradura-dijo Alex- Pero lo de Will es para desmayarse...Qué bonito y romántico todo...-rió dándome un codazo.
-Parece sacado de una película...Imagínate, ella desmayada, él la recoge, la lleva al sofá, ella despierta y...BESO-dijo Sam dando saltitos y sonriendo.
-No hubo beso...-exclamé.
-Pero seguro que faltó muy poco-dijo Alex.
Entre risas y tonteos llegamos al instituto, donde  la primera persona que vi fue Will.Estaba como de costumbre con Aaron y Jason en la puerta de clase, jugueteando y riendo. Cuando me vio, sonrió y se acercó a mí.
-Creo que voy a ir a la biblioteca un momento...¿Vienes, Alex?-dijo Sam pícara.
-Claro claro-rió Alex sacando la lengua.
Las chicas saludaron a Will y se fueron hacia el final del pasillo.
-Qué alegría verte, Danna-exclamó al verme-¿Cómo estás?-.
-Mucho mejor, gracias-contesté intentando evitar ponerme muy roja-Por cierto, ayer no te dije nada por la fiebre y tal, pero muchas gracias por todo Will...Si tú no hubieras estado allí, quizás me habría puesto peor-.
Will se sonrojó levemente y sonrió.
-No tienes que darlas Danna, los amigos estamos para eso-contestó entrecortadamente.
Mientras hablaba con Will, vi pasar a mi lado a Carla. Sonrió vengativa y sus ojos amenzantes se clavaron en mí. Carla se acercó a nosotros, rodeó a Will por la cadera y lo besó.
Quedé congelada, petrificada. Will se despegó precipitadamente de ella y me miró algo avergonzado. Carla me miró desafiante.
-Buenos días Danna, ¿estás mejor?-dijo irónica.
En ese momento tocó el timbre. Sin decir más, me dirigí a mi sitio y me senté, sacando libros y cuadernos. Intentaba sacar  la imagen de ese beso de mi cabeza, pero era imposible.
Sonó de nuevo el timbre, y vi como Carla pasaba por delante de mí riendo como siempre con Helen y Laura. Unos instantes después, Will pasó por mi lado, pero no me dijo nada. Se dirigió hacia Carla, habló un instante con ella y después salieron juntos de clase. No podía creerlo.
-No lo entiendo-dijo Alex acercándose a mí.
-¿Pero de qué va Will?-exclamó Sam.
Yo no dije nada, no podía. Solo sentía que todo lo que había pasado los últimos días había sido como un sueño muy fugaz, realmente efímero, e incluso tenía la sensación de que muchos detalles que recordaba eran solo productos de mi imaginación.
Poco después, Will volvió sin Carla. La nueva clase comenzó, y Carla no había llegado. La segunda hora transcurrió normal, pero Carla no estaba. Me resultaba muy extraño que ella se saltara una clase, ya que nunca lo hacía. Cuando sonó el timbre que daba comienzo al intercambio de la 3ª clase, Carla entró. Tenía los ojos rojos, y algo del maquillaje corrido. Me miró con gran odio, y se dirigió hacia donde Helen y Laura estaban.
En ese momento, Will se dirigió hacia mí.
-Ven conmigo, quiero contarte algo-dijo seriamente.
Sin decir nada más, salí del aula y lo seguí. Me llevó a la terraza del instituto, se dirigió hacia la barandilla y me miró. Sus ojos eran increíblemente dulces.
-Lo mío con Carla...Ha terminado-soltó de repente.
Abrí los ojos como platos.
-¿Qu...qué?-exclamé-¿Qué ha pasado?-.
-No la quiero...De hecho, creo que nunca la quise-comenzó diciendo- Empecé a salir con ella porque pensé que quizás con el tiempo podría llegar a sentir algo, pero no fue así...Ya no podía permitir que siguiera así, haciendo conmigo lo que le daba la gana. Pero lo más importante es que ya no siento nada por ella-.
-Vaya, lo siento...-contesté- Pero en una relación lo importante es el sentimiento, y si no está significa que algo no funciona...-.
Will me miró y sonrió.
-Sabía que me entenderías-contestó Will.
-...Pero también debes tener en cuenta si es definitivo... o no-dije yo- Quiero decir, si estás seguro de ello-.
-Esta vez es para siempre, puedes estar segura-dijo seriamente mientras me miraba.
Me acerqué a él y puse mi mano en su hombro, en un intento de darle mi apoyo. Él lo recibió cálidamente, me sonrió y me miró con mucha dulzura, como si quisiera darme las gracias con la mirada.
Intentaba acomodarme a la situación y no mostrar mis verdaderos sentimientos, pero estaba muy muy feliz. Por fin podría intentar acercarme a él sin temores, sin coacciones. Por fin podría intentar que se fijara en mí de algún modo. Por fin podría quererle con todo mi corazón, y demostrárselo día a día.